La indispensable Organización de las Naciones Unidas

Joseph E. Stiglitz, 23/10/2005,
Project Syndicate

La cumbre con motivo del sesenta aniversario de las Naciones Unidas en septiembre reflejó sus fortalezas y su importancia en las muchas áreas en que la comunidad internacional tiene que trabajar de manera conjunta. Desafortunadamente, la cumbre también expuso las debilidades y limitaciones de la ONU.

Fundada a finales de la Segunda Guerra Mundial para impedir otro desastre de ese tipo, la ONU ha expandido su mandato mucho más allá del mantenimiento de la paz, por importante que eso sea. Por ejemplo, los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), adoptados en la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas hace cinco años, proclamaron la determinación de la comunidad internacional de reducir la pobreza en todas sus manifestaciones y establecieron objetivos concretos que se deben alcanzar a más tardar en 2015.

Dada la diversidad de intereses que deben tomarse en cuenta, nunca es fácil alcanzar un consenso político en asuntos tan complejos. El éxito requiere paciencia y diplomacia y la última cumbre de las Naciones Unidas continuó el camino hacia la creación de una comunidad de naciones responsable por el bienestar de todos.

Ciertamente, el intento del nuevo Embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, John Bolton, de introducir cientos de cambios de último minuto a la declaración final de la cumbre condenó el acuerdo -tal vez deliberadamente- a ser menos amplio y sólido de lo que se esperaba. En efecto, Bolton incluso quería eliminar incluso cualquier referencia a los ODM.

Sin embargo, aun los Estados Unidos tuvieron que ceder al final a este imperativo moral. La declaración de la cumbre también enunció, en un refinado lenguaje diplomático, nuevo derechos y obligaciones relativos a la intervención de la comunidad internacional en los asuntos internos de un país, como en Darfur. Parece que al fin nos estamos convirtiendo en un mundo en que cada uno de nosotros cuida de los demás.

Algunos sugieren que la guerra en Irak mostró la irrelevancia de las Naciones Unidas. Al contrario, creo que la debacle de Irak subraya la importancia de las Naciones Unidas así como la necesidad de fortalecerla más. No hay que olvidar que, dentro de los límites de sus atribuciones, la ONU funcionó. Se le pidió que juzgara si había una amenaza inminente a la paz mundial que requiriera acción militar preventiva. Después de analizar las pruebas, concluyó que no había fundamentos para ir a la guerra, mientras que el riesgo de disturbios -sobre el cual muchos expertos en la región advirtieron- con toda seguridad pesó en las deliberaciones.

Desde entonces, las pruebas no sólo mostraron que no había armas de destrucción masiva sino que los gobiernos inglés y estadounidense dieron información engañosa, distorsionada y errónea. Asimismo, hay pruebas abrumadoras de que la relación, si es que la había, entre Irak y Al-Qaeda era mínima- al menos antes de la guerra.

En otras palabras, la democracia deliberativa -tal vez nuestra salvaguarda más importante en contra de acciones precipitadas y obstinadas- funcionó en las Naciones Unidas pero no en Estados Unidos. Desafortunadamente, la ONU no pudo impedir que Estados Unidos y otros países llevaran a cabo acciones que con seguridad contravenían el derecho internacional.

La historia desde entonces es bien conocida. Cuando no se encontraron armas de destrucción masiva, los Estados Unidos y su pequeña (y menguante) "coalición de los dispuestos" inventaron un nuevo fundamento -la lucha por la democracia. Pero si ese fuera el objetivo, claramente se debió haber redactado una larga lista de países, y difícilmente Irak habría estado en primer lugar. Reemplazar dictadores represivos constituiría, de hecho, una vasta expansión del mandato de las Naciones Unidas, cosa que sospecho los Estados Unidos no respaldarían.

Más aún, no era un buen signo que un proyecto supuestamente democrático rechazara los procesos democráticos de Naciones Unidas. Los Estados Unidos dejaron claro que aceptarían un solo resultado -un principio bajo el que no puede operar ningún órgano democrático ya que insistir que una decisión se debe ajustar a los deseos de un miembro es dictadura. Los hechos subsecuentes han mostrado lo difícil que es -aun para el país más fuerte del mundo- imponer un régimen democrático estable.

Por lo tanto, Irak ha mostrado tanto la fortaleza como las limitaciones de las Naciones Unidas. Inevitablemente, su mayor fuente de fortaleza es la persuasión moral. Incluso la mayoría de los estadounidenses se mostraban reacios a emprender la guerra contra Irak sin la bendición de las Naciones Unidas. El proceso deliberativo democrático funcionó y dio la respuesta correcta. Esto debería fortalecer la confianza en las Naciones Unidas.

Pero es necesario reforzar a las Naciones Unidas, a través, por ejemplo, del financiamiento de una fuerza permanente de mantenimiento de la paz. Muy frecuentemente, es necesario recolectar fondos para las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU entre los países industrializados avanzados, lo que les da un virtual poder de veto sobre cuándo, dónde y cómo pueden actuar las Naciones Unidas.

Al mismo tiempo, un consejo de seguridad económica y social fortalecido permitiría a las Naciones Unidas realizar debates más efectivos sobre la reforma del sistema económico y financiero global. Hoy, en contraste, tales debates se centran frecuentemente en el FMI, donde los intereses financieros de los países industrializados predominan.

Estas reformas finalmente llegarán. La globalización ha significado una integración internacional más estrecha y esto a su vez ha generado una mayor necesidad de acción colectiva. Las Naciones Unidas son la institución internacional creada con ese propósito, y a medida que el mundo cambia, las Naciones Unidas deben cambiar también. Pero una reforma significativa con seguridad tendrá que esperar a una administración estadounidense que este comprometida con la democracia global en los hechos tanto como en la retórica.

Joseph E. Stiglitz, Premio Nóbel de Economía, es profesor de economía en la Universidad de Columbia y fue presidente del Consejo de Asesores Económicos del presidente Clinton y economista en jefe y vicepresidente del Banco Mundial. Su libro más reciente es The Roaring Nineties: A New History of the World’s Most Prosperous Decade.

Copyright: Project Syndicate, 2005.
Traducción de Kena Nequiz

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