Ciencia local para grandes desastres

H. T. Goranson, 03/10/2005,
Project Syndicate

La tierra produce un caudal seguro de desastres. Algunos, como el SIDA, son crónicos; otros, como los terremotos o el huracán Katrina, son manifestaciones repentinas de la fuerza de la naturaleza. En todos los casos, se espera que un esfuerzo de ayuda bien financiada llegue de alguna región rica. Pero importar asistencia no sólo puede ser menos efectivo; puede de hecho causar más daño en el largo plazo.

Cuando hay un tsunami, el primer impulso es traer expertos del primer mundo. El rescate es la prioridad inicial, seguida del abastecimiento de alimentos, refugios y ayuda médica. Sólo es cuestión de hacer las cosas, que deben de hacerse en la forma más efectiva para que las operaciones se lleven a cabo de acuerdo con la filosofía institucional de los países donantes.

Pero trasplantar los hábitos de una cultura a otra durante un proceso de reconstrucción puede desencadenar cambios sociales que son casi tan dañinos como el desastre mismo, como pasó en unas pequeñas comunidades pesqueras de Filipinas a finales de los años 1970.

En 1978, el tifón Rita acabó con la flota de botes de pesca de madera hechos a mano de un grupo de comunidades filipinas dependientes del mar. La ayuda fue rápida y efectiva y consistió primero en asistencia para la subsistencia seguida de la "reconstrucción" de la flota pesquera. Los botes viejos, que se pudrían después de algunos años, fueron remplazados con botes modernos de fibra de vidrio con pequeños motores de gasolina. En ese momento, esto se señaló como un ejemplo de cómo hacer bien las cosas.

La economía pesquera se recuperó y floreció -pero sólo durante aproximadamente diez años. Después de eso, la sociedad entera se colapsó. A lo largo de miles de años, esa cultura había llegado a depender del papel central de los constructores de botes. Ellos eran el ancla de la sociedad y actuaban de hecho como sacerdotes, maestros y jueces. La subsistencia fluía de acuerdo con su voluntad y estaba apoyada por costumbres de confianza y de compartir.

Después de la ayuda, este complejo equilibrio humano fue remplazado por una economía basada en el dinero y los comerciantes poderosos eran aquéllos que podían distribuir la escasa y valiosa gasolina. Una cultura entera fue totalmente destruida por una asistencia eficiente.

Este escenario se ha repetido en numerosas ocasiones en contextos diversos. El primer impulso es resolver los problemas en la forma más establecida posible. Pero al carecer de un conocimiento de la dinámica local, se compromete severamente el resultado.

La solución parece simple: hay que crear y subsidiar pequeños centros científicos en regiones con riesgo de padecer un desastre. El objetivo principal de estos centros sería la ciencia "normal" con misiones y perfiles que se alimentarían del contexto local. Las regiones en riesgo desarrollarían formas culturalmente apropiadas para lidiar con las catástrofes que los pueden afectar con mayor probabilidad. Además, el talento local se nutriría en su contexto local.

Esta filosofía beneficiaría a lugares como Nueva Orleans en la misma medida que a Puket en Tailandia. Efectivamente, si bien puede parecer que no habría problema de trasplantes culturales en el caso del huracán Katrina, un análisis de la tragedia revela lo contrario.

Se ha observado abrumadoramente que la población más afectada de Nueva Orleans fueron los afroestadounidenses pobres que vivían en los distritos más bajos de la ciudad. Ciertamente muchos de los residentes de estos barrios urbanos simplemente no tenían los recursos para salir tan fácilmente. Pero también está empezando a salir a la luz que muchos prefirieron quedarse en un ambiente social en el que confiaban que huir a lugares más seguros pero desconocidos.

Los críticos también mencionan el desvío de los fondos para infraestructura y de las tropas de la guardia nacional de Louisiana hacia Irak como causas que contribuyeron a la emergencia. Claramente, estos factores jugaron un papel, pero en conjunto, si un órgano compuesto por gente con inclinaciones científicas de los barrios urbanos hubiera participado en el control de las inundaciones y en un plan de evacuación, las consecuencias del huracán Katrina ciertamente se habrían manejado más efectivamente. En contraste, lo inapropiado de trasplantar tropas que están en Irak a una operación de rescate de emergencia resulta obvio.

La lucha contra el SIDA -una batalla que depende fuertemente del cambio social- resalta, tal vez de la manera más clara, los problemas que siempre ocurren cuando se ignora a la cultura local. Los mecanismos sociales simplemente no pueden ajustarse sin un entendimiento claro y práctico de una cultura. Y esto no puede ser meramente intuitivo. Debe de ser científico, esto es, basado en los mejores métodos y modelos.

Por esta razón, debería de haber dos puntos de contacto durante una catástrofe. Grupos de pensadores críticos -los "expertos"- que estén disponibles para asesorar sobre cómo evitar los desastres de segundo orden. Aunque muchos de ellos puedan no haber estudiado la cultura local, pueden no obstante dar una orientación que ha sido informada por la infraestructura más cara del mundo. Al mismo tiempo, los esfuerzos de ayuda deberían ser manejados por un centro científico local que conozcan quienes están en peligro y en el cual confíen.

Las implicaciones de este enfoque se extienden más allá de la asistencia en casos de desastre. Un establecimiento científico robusto es la raíz de cualquier economía y no habrá desarrollo real en el Tercer Mundo sin él. Por lo tanto, la inversión en la ciencia local es una inyección directa al potencial de crecimiento de una comunidad, que finalmente recompensará a los inversionistas con nuevos descubrimiento. Después de todo, nada es mejor para la innovación que un científico que trabaje fuera de las instituciones convencionales para resolver un problema que salvará a su familia.
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H. T. Goranson es el científico principal de Sirius-Beta Corp y fue científico de la Oficina de Proyectos de Investigación Avanzada para la Defensa de los EU.

Copyright: Project Syndicate, 2005.
Traducción de Kena Nequiz

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