Es viernes en Madrid

Ada Menéndez, 03/10/2005

Es viernes en Madrid. Un viernes cualquiera de este largo mes de Septiembre caluroso y frío. Todos han regresado de sus vacaciones y el estrés en las calles vuelve a resonar en mis oídos. Debo ponerme las pilas si no quiero llegar tarde a la oficina pues sé que los atascos entre peatones y autos mas las infinitas distancias de esta capital, te imposibilitan disfrutar de esos cinco minutos extras en la cama que en las provincias casi todo el mundo saborea.

Soy una vecina ejemplar porque nunca realizo fiestas en mi casa, ni me pongo a redecorar mi salón a las dos de la madrugada como estos suecos que venden muebles, tampoco me da por poner la música demasiado alta porque a bajos decibelios se escuchan mejor los graves…pero esta mañana en la MTV están poniendo mi video-clip favorito y entonces decido subir algo más el volumen porque quiero aprenderme esa letra que tanto me hace pensar. Ah! pero mi vecino no comparte mis gustos musicales y los golpes que da sobre mi pared me hacen ver que al contrario de mí él no quiere comenzar bien la mañana. Ok, no me apetece una discusión vecinal a las 8 de la mañana y apenas tengo tiempo para tomar sentada el café, así que bajo el volumen de mi televisor y meto un pie en la ducha. Pero mi vecino, que debe sentirse muy solo en este mundo, no contento con mi silencio prefiere cambiar los golpes sobre mi pared a mi puerta. Así que ahí lo tengo, a las 8.13 minutos vociferando en mi puerta, a mi estresado vecino. Por supuesto no tengo tiempo ni para discutir con él porque, primero, tengo el tiempo justo para saltar al autobús y, segundo, no son horas para debates!

Lo que más me sorprendió es que pareció molestarle más el volumen de mi televisor que la excavadora que tenemos mañana y noche, fines de semana incluidos, bajo nuestras ventanas rompiendo el cemento del suelo porque al ayuntamiento se le ha ocurrido la grandiosa idea de poner patas arriba esta mega ciudad en tiempo récord.
¡Ay! si todos los ciudadanos madrileños fuésemos como mi estresado vecino y nos pusiéramos a aporrear la puerta del despacho del alcalde…Con total seguridad que los dueños de los restaurantes de mi calle acudirían a la llamada del “aporreo” porque me consta que uno de ellos incluso se está planteando la posibilidad de cerrar el negocio porque con tanta obra ya nadie se acerca a comer en sus mesas, y es que llegar a la meta del restaurante es una hazaña física y mental puesto que debes sortear todo tipo de obstáculos y obreros (por no hablar del bello sonido producido por las máquinas sobre tus tímpanos…supongo que a nadie le gusta quedarse sordo mientras come).

Previsiblemente hay millones de personas corriendo por las calles porque todos llegamos con el tiempo justo a nuestros trabajos. La cola para el autobús es interminable y por las ojeras me doy cuenta que algunos vienen incluso desde más lejos y, probablemente, se han levantado una o dos horas antes que yo porque así pueden disfrutar de una vivienda digna aunque sea a costa de sus horas de sueño o de ocio. Yo en cambio tengo tiempo suficiente para realizar mil actividades y dormir un poco más por las mañanas, pero eso sí, mi casa apenas llega a los 35 metros cuadrados, es interior y oscura, el arquitecto se olvidó de colocar ventanas y me dejo la mitad del sueldo en un hombre que vive de mis rentas porque un día heredó este inmundo cubículo cuyo metro cuadrado está al precio del oro (y tal y como están últimamente las cosas, al precio del Oro Negro).

El conductor del autobús, homenajeando a Alonso, por fin consigue esquivar mil filas de autos parados y llega a la meta exhausto. Los ancianitos se pelean por subir los primeros y ganarse sus merecidos asientos, así que yo, que soy muy buena ciudadana además de excelente vecina, me subo la última aunque haya sido la primera en ponerme a la cola e intento no asfixiarme ni tener una lipotimia rodeada de mil personas (entre otras cosas porque seguramente nadie se acercaría a recogerme del suelo porque me confundirían con una inmigrante por mi tez morena y ya se sabe que los inmigrantes siempre causan mucho miedo en los ojos de algunos patriotas. Consecuencias de esta humanidad globalizada). Miro el reloj y veo que me quedan 20 minutos para fichar en mi oficina pero como sólo nos separan 10 minutos de distancia kilométrica no me preocupo, si no hay imprevistos me dará tiempo a fichar puntualmente. Ay amigos, pero ni el conductor ni los pasajeros estábamos preparados para un corte monumental en los aledaños de la Castellana porque este fin de semana alguien ha decidido celebrar el Campeonato Mundial de Ciclismo en pleno centro neurálgico de Madrid y claro, el tráfico debe paralizarse en un día laboral a horas punta…Así que, armada de paciencia y optimismo, llamo a mi jefe para comunicarle que llegaré por lo menos media hora más tarde y que no se preocupe, que recuperaré ese tiempo perdido cualquier tarde de estas. ¡Qué le importa a Gallardón si yo debo renunciar a media hora de mi tiempo personal para recuperarla en la Multinacional que me alimenta todos los meses! Todo sea por los ciclistas y nuestro alcalde.

En la oficina se respira un ambiente tenso porque a Azucena, una compañera de tres o cuatro mesas más allá, le han comunicado que no será la próxima responsable del departamento. Han preferido promocionar a Fernando, quien no habla los tres idiomas de Azucena, ni tiene su máster en Administración de Empresas ni los 15 años de experiencia en puestos similares ni mucho menos su carisma. Pero es que Fernando, aunque al igual que Azucena, tiene tres hijos, una esposa y un perro llamado Lucas, a ojos del Comité Directivo, por alguna extraña razón, él puede renunciar a su tiempo familiar a cambio de horas en la oficina y claro, Azucena posiblemente realice su excelente trabajo en horario laboral y decida irse antes que Fernando a cambiar los pañales de sus niños y planchar las camisas del marido porque éste, al igual que Fernando, llegará tres horas más tarde que ella a casa y lo suficientemente agotado como para sólo sentarse en la mesa con la comida puesta e irse rápidamente a la cama mientras Azucena ayuda en las tareas escolares de los niños, friega los platos y prepara la comida del día siguiente. Así que nuestra Multinacional ha decidido que Fernando es el candidato ideal para ocupar un puesto de responsabilidad que requiere horario ilimitado.

En mi tiempo libre de desayuno decido entrar en la pequeña biblioteca que ha puesto la empresa a nuestra disposición porque debo buscar documentación para un informe. Entre los libros descubro uno, firmado por un sindicato nacional, que dice “Situación laboral de la mujer en nuestro sector”. Hojeo sus páginas y encuentro testimonios de mujeres trabajadoras que dicen cosas como “en mi empresa hay más mujeres que hombres en la plantilla y, sin embargo, a nivel de jefes, por cada mujer hay diez hombres”, “Hubo una plaza y se presentaron un chico y una chica. Los dos sacaron el examen pero ascendieron al chico. A la chica le dieron el dinero pero no la categoría. Eso es discriminación. Yo de las casualidades no me fío”, “hay secretarias que tienen la misma titulación que el jefe o quizás el jefe no tiene”, “yo, cuando salgo de aquí, me pongo el gorro de ama de casa”…En fin, en general es una recopilación de testimonios de mujeres que, cuando una lo lee, se le ponen los pelos de punta, sobretodo si cuando buscas la fecha de impresión y te imaginas que fue escrito hace tres días porque escuchas esas frases a diario en tu empresa, y te das cuenta que el libro fue escrito hace 10 años y entonces crees estar viviendo en un agujero negro del espacio!! Ay amigas, si es que apenas han cambiado las cosas para nosotras!!

Soy de esas pocas afortunadas que disfruta de un horario intensivo durante todo el año, así que hoy viernes, siendo ya las cuatro y media de la tarde, agarro mi bolso y me salgo de la oficina para irme a pasear por el Retiro.
Por el camino me encuentro con mi amigo Ramón, voluntario en una ONG de ayuda al refugiado. Me cuenta que este domingo fue torturado y asesinado un sindicalista colombiano a manos de grupos paramilitares. Él era Luciano Romero Molina.
Le pregunto a mi amigo Ramón cómo demonios se ha enterado de la noticia porque yo no la he visto ni citar en ningún periódico o televisión. Claro, me dice que sobretodo ha sido recogida por portales de comunicación alternativos, es decir, minoritarios para minoritarias mentes que buscan “otra” información. O tal vez no es que seamos mentes minoritarias sino que sólo vemos y escuchamos lo que “ellos” quieren que veamos y escuchemos…no sé, otra reflexión para realizar esta noche antes de acostarme.

¡Luciano, nuestro recuerdo siempre presente en tu alma!

Por el suelo encuentro un ejemplar de un periódico gratuito de esos que reparten por las mañanas en las entradas del metro. Leo los titulares sobre los huracanes Katrina y Rita y no puedo dejar de pensar que el mundo se ha convertido en una cafetera exprés y que somos parte de un enorme cappuccino que cualquier día de estos explotará en nuestras narices sin que hayamos hecho nada coherente para evitar el cambio climático al que estamos yendo de una forma casi suicida. ¿Pero a quién le importa si Galicia se está haciendo desierto si con ese estupendo clima africano llenamos los hoteles y los bolsillos y además presumimos de un estupendo cáncer de piel con nuestro espectacular bronceado? Eso sí, en Madrid cualquier día de estos nos quedaremos sin presión suficiente en la ducha y tendremos que lavarnos el pelo con agua mineral que encima no será mineral porque hay quien incluso la vende embotellada siendo agua del grifo, y es que los niveles de nuestros pantanos apenas sobrepasan los mínimos. Pero ¡no problem! que hoy han dicho en la tele que tenemos garantizada la supervivencia y el abastecimiento de agua, y como yo me creo todo lo que dicen en la tele…decido regresar a mi casa sin el ataque al corazón que estaba a punto de sufrir.

Es viernes en Madrid y ya es de noche. Ha sido un largo día y tengo las zapatillas de felpa puestas porque me duelen los pies de tanto caminar por este mundo nuestro al que cada vez me cuesta más esfuerzo reconocer, y es que los disgustos que le estamos dando le han hecho envejecer prematuramente. ¡Ay qué arrugas más feas te están saliendo Madre Tierra!

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