¿Cuál es la misión del FMI?

Barry Eichengreen, 30/08/2009,
Project Syndicate

BERKELEY – El Fondo Monetario Internacional ha sido uno de los pocos beneficiarios de la crisis económica global. Hace apenas dos años se estaba reduciendo su personal y había dudas serias sobre la necesidad de mantenerlo. Desde entonces ha habido una demanda renovada de créditos del FMI. Los miembros han acordado triplicar sus recursos. Se le ha autorizado a recaudar fondos adicionales mediante la venta de bonos propios. El Fondo es una colmena de actividad.

Pero la crisis no será eterna. Mientras tanto, los críticos del FMI no han desaparecido, simplemente guardan silencio temporalmente. El Fondo fomenta las críticas al no definir su papel. Debe hacerlo ahora mientras todavía cuenta con la simpatía del mundo.

La primera función del FMI es ayudar a los países que, como resultado de políticas internas, experimentan crisis de balanza de pagos. Sus gobiernos no tienen más remedio que pedir préstamos al Fondo. Para salvaguardar sus recursos –es decir, para garantizar que se reembolse a sus accionistas—el Fondo debe exigir a esos prestatarios ajustes de política difíciles.

El problema es que el FMI se ha dejado llevar por la retórica de sus críticos al aceptar la “racionalización” de sus condiciones. De hecho, cuando la fuente de los problemas son las debilidades estructurales, el Fondo debería seguir exigiendo como precio de su asistencia los ajustes estructurales. Al dar la apariencia de que cede en este punto en un esfuerzo por obtener amigos e influencia, el FMI ha creado una confusión innecesaria.

Una segunda función del FMI es servir como fondo de reserva global. Los países han acumulado grandes reservas para asegurarse contra las sacudidas económicas. Eso es costoso para las economías pobres, que podrían dar un mejor uso a esos recursos en inversión y consumo. Desgraciadamente, la reciente demostración de la volatilidad de los mercados financieros globales ha estimulado la tendencia a acumular reservas.

Sería más eficiente reunir las reservas de países que las necesiten en momentos diferentes. El FMI ha dado pasos en ese sentido con la creación de un Servicio de Liquidez a Corto Plazo, mediante el cual los países con políticas sólidas pueden retirar del Fondo una cantidad equivalente a hasta cinco veces la cuota que les corresponde sin condiciones. Pero el SLCP de todos modos requiere un proceso de aplicación oneroso, que sólo México, Colombia y Polonia han estado dispuestos a soportar.

Esto tenía sentido cuando los recursos del FMI eran limitados, ya que el proceso de aplicación permitía al Fondo limitar su responsabilidad. Pero con la triplicación de los fondos, esa lógica ya no se aplica. El FMI debería anunciar de manera categórica qué países cumplen las condiciones para utilizar el servicio y hacerlos miembros de ese fondo común automáticamente.

Un tercer papel del FMI es el de supervisor cautelar a nivel macro. Los acontecimientos recientes han mostrado que alguien debe prever los riesgos a la estabilidad financiera global y hacer advertencias al respecto. El G-20 sugiere que el Consejo de Estabilidad Financiera, integrado por las autoridades nacionales de supervisión, debe encabezar estas tareas. El Fondo, mediante sus ejercicios de alerta temprana y las evaluaciones conjuntas del sector financiero FMI-Banco Mundial, sólo debe desempeñar un papel de apoyo. Pero no queda claro por qué el Consejo de Estabilidad Financiera debe conducir este proceso. El FMI es más representativo, debido a su membresía universal, y tiene más personal experto.

Es probable que los supervisores nacionales sean reacios a ceder esta responsabilidad a una organización multilateral. De ser el caso, eso es miope. Los mercados e instituciones financieras con alcance global necesitan un regulador cautelar a nivel macro, no solamente un colegio de supervisores organizado de manera vaga. O puede ser que los encargados de las políticas a nivel nacional no confíen en el FMI dado que, en esencia, no se percató de la crisis financiera global. Si esto es así, el Fondo debe recuperar su confianza.

Esto nos lleva al cuarto papel del FMI, a saber, utilizar su púlpito privilegiado para advertir de los riesgos creados por las políticas de los países grandes. Los países pequeños están sujetos a la disciplina del mercado, como lo puede atestiguar cualquier letón. Pero cuando las grandes economías cuyas monedas se utilizan a nivel internacional necesitan más recursos, simplemente pueden imprimir más dinero. No sólo sienten menos la disciplina del mercado sino que están sujetos a menos disciplina del FMI porque no están obligados a pedir créditos.

Pero como nos recuerda la debacle de las hipotecas de alto riesgo, las políticas de los países grandes pueden poner en riesgo al sistema financiero global. El Fondo, temeroso de contrariar a sus principales patrocinadores, ha sido reacio a emitir advertencias firmes en esos casos. Pero si se quiere que el FMI tenga un futuro, sus directivos tendrán que publicar advertencias más fuertes sobre el próximo déficit en cuenta corriente estadounidense peligrosamente grande, o el próximo auge insostenible de la vivienda o cualquiera que sea el siguiente problema de un país grande. Ya no se puede estar midiendo las palabras.

Por último, el FMI debe coordinar la reforma del sistema internacional. Si a la larga una unidad supranacional, el Derecho Especial de Giro, habrá de sustituir a las monedas nacionales de uso internacional, entonces el Fondo tendrá que guiar su desarrollo. Si se necesitan medidas provisionales durante la transición, el Fondo también deberá asumir el papel de liderazgo.

No obstante, hasta hora las ideas innovadoras para reformar el sistema internacional han salido de las Naciones Unidas, de la oficina del Primer Ministro británico y del Banco Popular de China. El Fondo se ha hecho notar sobre todo por su silencio.

La crisis no se ha olvidado, pero el tiempo está corriendo. La próxima reunión de la Junta de Gobernadores del FMI se celebrará a principios de octubre en Estambul. Si para entonces el Fondo no ofrece una visión clara de su futuro, la oportunidad se habrá perdido.

Barry Eichengreen es profesor de economía en la Universidad de California, Berkeley.

Copyright: Project Syndicate, 2009.
Traducción de Kena Nequiz

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