Luis Balairon: "La forma de atajar el cambio climático debería centrarse en "cómo" hacerlo, porque nadie duda de que es necesario afrontar a fondo el cambio de modelo energético"

Globalízate, 04/05/2012

Luis Balairon

Entrevista al Director del Programa de Análisis y Atribución del Cambio Climático de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

P: Nos gustaría saber en primer lugar en qué consiste tu trabajo dentro de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

R: El programa de Análisis y Atribución del Cambio Climático tiene como objetivo el análisis de escenarios de cambio climático orientado a discriminar la responsabilidad de las fuentes –gases, sectores o regiones- de emisión en el cambio climático posible a partir de cada escenario considerado.

P: ¿Te encuentras inmerso en alguna investigación ahora mismo? ¿De qué se trata?

R: Exactamente en el contraste de métricas propuestas para establecer la responsabilidad de las emisiones históricas –las que ya se han producido- y las futuras, las que se deducen de las hipótesis de cada escenario supuesto en los documentos que fundamentan los acuerdos internacionales.

P: Se esta elaborando el próximo informa del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC). ¿Nos podría indicar la fecha prevista de su publicación y avanzar algún resultado?

R: El informe final, conocido como informe de síntesis, debería estar disponible en octubre de 2014. Existe un calendario y documentos provisionales a disposición del público en la página web del IPCC (www.ipcc.ch). El primero de los informes, el que corresponde al grupo de fundamentos científicos tiene como fecha prevista para su aprobación el mes de septiembre de 2013. Los puntos más importantes que abordará son el desarrollo de métodos –métricas- para establecer la responsabilidad de cada país en las consecuencias del cambio; la cuantificación de las incertidumbres asociadas al problema en todas sus dimensiones (en ciencia, en impactos y riesgos y en la toma de decisiones responsables); la mejora de la cuantificación del riesgo y, finalmente, en la consideración de la dimensión ética del problema y su relación con otros problemas globales de la humanidad.

P: Parece una paradoja cuando se habla de tomar medidas contra el cambio climático en épocas de bonanza económica, que es precisamente cuanto más crecen las emisiones de CO2 y el asunto esté casi enterrado en medio de la crisis económica. ¿Cual de las situaciones es mejor para reducir las posibilidades de un cambio climático peligroso para el ser humano?

R: En cierto modo, esta situación es mejor, desde mi punto de vista, porque la toma de decisiones para resolver la crisis y las decisiones que exigen el cambio climático, y otros problemas de naturaleza global, son coincidentes. Los tres factores clave que nos impulsan hacia un cambio climático preocupantes son el aumento de la población mundial descontrolado; la economía excesivamente globalizada sin atender a un desarrollo local armónico con el mundial, y –en tercer lugar- una oferta de energía que se basa esencialmente en la quema de combustibles fósiles. En situación de crisis, el único factor positivo es que la demanda se contrae y la conciencia de ahorro y racionalidad en el consumo energético se establece de forma natural, sin necesidad de campañas de propaganda. El debate y la necesidad de mirar fuera del entorno propio e inmediato también facilitan la toma de conciencia de que es totalmente necesario un cambio de rumbo y el abandono, para siempre, de los caminos anteriores, porque han agotado sus capacidades.

P: Desde tu punto de vista, si es que aún tenemos margen de maniobra ¿Qué medidas podrían tomar los gobiernos para atajar este problema?

R: Existe un enorme margen de maniobra. Esencialmente es necesario afrontar a fondo el cambio de modelo energético y nadie duda de que esto es lo que hay que hacer: diversificar las fuentes y las tecnologías lo más posible. No excluir ninguna, innovar en todas, equidistribuir la dependencia para que ninguna sea dominante y aumentar de este modo nuestra independencia. En realidad el debate debería centrarse en “cómo” hacerlo: en los tiempos, en las fuentes de financiación, en los planes de sustitución progresiva, en la exigencia de innovación para las convencionales y en mecanismos de control en la explotación del recurso, en las necesidades de inversión en la Red eléctrica para que sea capaz de absorber más renovables, en la prioridad de incentivar la introducción del vehículo eléctrico, prácticamente maduro para hacerlo.

P: ¿Qué podemos hacer los ciudadanos y la sociedad civil frente a este problema?

R: No sé contestar a esta pregunta con la contundencia que, intuyo, que siempre se espera. Es importante en cuanto a que la actitud individual acaba creando un “ambiente” social, una percepción generalizada de la necesidad de adoptar medidas, y una receptividad alta cuando los gobernantes adoptan las decisiones necesarias. Si no existe esa receptividad, el gobernante, tiene a veces un cierto temor a que no sean bien recibidas y se establece un círculo vicioso para no abordar cambios profundos. Las buenas prácticas individuales contribuyen de forma apreciable en las emisiones, pero –este es mi punto de vista personal y cuantificado- su contribución material es menos importante que lo dicho antes.

P: ¿Es cierta esta frase? “No podemos decir en que porcentaje un fenómeno meteorológico extremo está incrementado por el cambio climático, pero si podemos decir que con el cambio climático aumentan las probabilidades de fenómenos meteorológicos extremos.”

R: Sería mejor decir que “se modifican las probabilidades”, porque unas veces aumentan y otras disminuyen y lo mismo cabe decir de los riesgos, que incluyen tanto los cambios en las probabilidades como los efectos asociados. Lo más importante es incorporar a la gestión del clima presente el concepto de adaptación a un clima cambiante, que es el que tenemos en la actualidad, en prevención de un cambio profundo en el clima futuro. Por ejemplo, en el caso de las inundaciones, el factor determinante es la gestión del territorio y del propio recurso hídrico, más que el hecho de que en un futuro lejano la frecuencia de una lluvia fuerte determinada pase de ser una vez cada 5 años a ser de una vez cada cuatro años.

P: ¿Nos puedes explicar el efecto sobre el clima de la corriente termohalina del Atlántico Norte? ¿Es cierto que el deshielo puede parar este cinturón transportador de calor sumergiendo a gran parte del hemisferio norte en una nueva glaciación? ¿Si esto es así, sabes en la actualidad el estado de afección de esta corriente?

R: Es parte de la circulación planetaria del océano tanto superficial como profundo, que redistribuye los desequilibrios energéticos del sistema en escalas de tiempo de décadas y siglos. Es un mecanismo lento y la posibilidad de que anticipe la entrada del clima en un nuevo estado de glaciación, es un riesgo asociado a un cambio climático intenso, de más de tres grados centígrados respecto al clima actual (o 4ºC respecto al clima de hace ciento cincuenta años). En la actualidad, la observación confirma que el calentamiento global realmente observado, produce una reducción del caudal de esa corriente: en particular se observa, por separado, la reducción de la salinidad y por otro el calentamiento del agua. Ambos cambios simultáneos, producen una reducción de la densidad del agua, que se hunde hacia el fondo más lentamente y por lo tanto frena la corriente de aguas cálidas, procedentes del Golfo de México que caldean las costas nortatlánticas orientales, es decir europeas.

La corriente termohalina es planetaria y en el Atlántico Norte se inicia uno de los procesos más importantes de su comportamiento, que es la “formación de aguas profundas”. Es la zona en la que el agua alcanza máximos de salinidad y mínimos de temperatura combinados de forma que su densidad es máxima, de forma que al encontrarse con la pared helada del ártico se “hunde” con mayor velocidad cuando mayores son los cambios correspondientes de salinidad y de temperatura (gradientes). El cambio climático influiría –a largo plazo- de forma que las aguas en esas zonas serían mucho menos frías y menos salinas. Menos frías por efecto del calentamiento local intenso y menos salinas por el aporte masivo de agua dulce procedente de la fusión de hielos.

P: ¿La extrema sequía en España de este invierno es una indicación de lo que está por venir?

R: Las sequias son una seña de identidad de los climas mediterráneos. La modelización actual indica que en el futuro (en el presente, es decir con calentamientos como los observados ahora, no indica nada significativo) serían más frecuentes y con una tendencia a ser más intensas en algunos de esos modelos. Personalmente no me gustan los juegos de palabras sobre el comportamiento de los extremos: Decir algo como “esto es una indicación” no significa nada exactamente. Es una frase ambigua en sí misma.

P: ¿Hasta qué punto la reducción de emisiones de algunos países de la UE no es más que una deslocalización de las emisiones a terceros países?

R: A veces supone una deslocalización, pero siempre debe cumplir requisitos de reducción neta para ser contabilizada como un mecanismo válido del Protocolo de Kioto.

Quiero decir que la condición para que esa reducción sea computable a efectos de los acuerdos de Kioto exigen y de ahí su nombre de desarrollo limpio, el cumplimiento de condiciones que aseguran que se produce una reducción neta y que se cumplen otras condiciones. La estadística de proyectos realmente desarrollados, demuestra que la deslocalización ha sido secundaria. Las reducciones importantes son aquellas que, justamente, no se realizan a costa de una deslocalización, sino como consecuencia de una mejora tecnológica que aumenta la eficiencia.

Aquí, hay que subrayar que en las grandes compañías españolas que son granes consumidores de energía existe el falso mito, demostrablemente falso y muy dañino para la economía nacional, de que la deslocalización se produce esencialmente por los costes laborales. Se produce esencialmente por el sobrecoste de la energía, y ello a pesar de ser líderes en eficiencia y en intensidad energética. Este mito constituye un problema grave porque “oculta” que el problema fundamental del incumplimiento pasado y la clave para el cumplimiento futuro, se sitúa de forma inequívoca en dos sectores bien identificados de emisiones difusas: el transporte y el consumo doméstico.

P: Nuestra impresión es que, independientemente de regulaciones y protocolos, todo el petróleo disponible se va a quemar ¿Consideras esto posible?

R: Es más que una impresión, es el resultado de saber que el transporte es el factor que más crece y el que está más asociado con la cultura de todo país desarrollado en una fase emergente de su desarrollo: primero el transporte vinculado a la economía interna urbana e industrial y después el vinculado al turismo, ya se masivo o exótico y elitista.

Por el contrario, pienso que la penetración de renovables en los países desarrollados, para otros sectores, será inevitable y creciente debido a la necesidad imperiosa de alcanzar un grado alto de independencia energética estratégica, para el mundo que se está configurando.

Lo que deberían comprender sus defensores a ultranza, y beneficiarios directos –indirectos lo somos todos-, es que la velocidad de sustitución está modulado y limitada por factores económicos y tecnológicos. Por resumir, es muy probable que su peso sea mucho mayor que el esperado hace unos años y mucho menor que el necesario para la reducción del 60% para el 2060 (o propuestas similares), que ser propugna en Europa.

El petróleo se consumirá en su mayor parte en los países emergentes y en la industria petroquímica, tan importante en nuestra vida diaria y que constituirá a la larga la mejor forma de utilizar ese recurso energético natural.

Se olvida que el objetivo es mantener sin grandes variaciones las concentraciones finales de gases de invernadero en La Tierra, o más bien mantener estable el grado de forzamiento radiativo que ocasionan en el sistema global del clima los cambios en esos gases.

Esa estabilización exige la reducción de quema de combustibles fósiles, pero no exige su desaparición total. De hecho lo ideal sería aceptar un mix energético bien diversificado, donde ninguna energía fuese un monopolio y su diversificación redujera las tensiones de mercados y obligara a la estabilización precios y a un cálculo realista y justo de los costes de producción.

P: ¿Qué opinas de que en algunos estados de los EEUU se haya obligado a los profesores de ciencias a explicar las tesis negacionistas en “igualdad de oportunidades”?

R: Nunca sé qué grado de certeza o de realidad tienen esas afirmaciones. En todo caso lo que se crea en el imaginario colectivo en cualquier materia, a partir del conjunto “escuela-medios de comunicación-ambiente cultural medio” es algo muy complejo y mi pesimismo es que todo esquema simplista que se pone en circulación es mejor aceptado que cualquier esquema realista pero que exige un acto voluntario de razón.

Cuando la divulgación y las explicaciones se hacen bien, el contraste con otros puntos de vista es el mejor sistema de que el “mejor” conocimiento triunfe a medio y largo plazo.

Quienes temen esa influencia es precisamente porque ellos realizan una divulgación correcta en sus conclusiones pero igualmente falseada en sus formas. La ciencia actual del clima es la mejor que hemos tenido nunca. Tiene límites y lagunas y tiene fallos humanos como toda actividad. Ni más ni menos tampoco. Pero el negacionismo o el escepticismo son “actitudes” no constituyen -y ni siquiera lo pretenden- teorías alternativas, ni paradigmas científicos diferentes.

La teoría del clima hoy es una ciencia aplicada y no es una ciencia “básica”. Los fundamentos y conocimiento de las leyes básicas están asentados, probados y no existe el menor debate sobre ellos. Es el resultado de su aplicación lo que permite la discrepancia, el propio conocimiento de la incertidumbre asociada a todo proceso no lineal y caótico y por la tanto susceptible de resultados finales sorprendentes o no esperados. Generalmente para empeorar y no para mejorar. Alguien que rueda por una escalera, ejemplo común de fenómeno caótico y no lineal, puede salir indemne o gravísimamente herido. Pero es mejor evitar la caída o al menos dotar a la escalera de mecanismos preventivos para atenuar los daños.

Eso hacemos en cambio climático: prevenir. A mi no me gusta insistir en que “podemos matarnos al rodar por la escalera”, aunque sea cierto, sino insistir en la necesidad de la prevención del riesgo.

P: ¿Qué piensas de las visiones que solo se centran en la adaptación? ¿Es que ya no hay nada que hacer o es que las posibilidades de negocio de una visión exclusivamente “adaptacionista” son muy grandes?

R: En los foros internacionales que toman decisiones, NO existen tales visiones. De nuevo se confunden las percepciones de la opinión pública, con las estrategias reales ante el cambio climático en Naciones Unidas y en los gobiernos, incluso en los más reacios a adoptar medidas.

En los foros intergubernamentales todos los dirigentes entienden que no se debate sobre “adaptaciones reactivas”, que dejan para el día después la acción correctora o que entienden la adaptación como sinónimo de resignación.

Las políticas aprobadas en todos los foros establecen la adaptación como la forma de reducir justamente los efectos, mediante medidas preventivas. Es lo que hacemos en las carreteras con el código de circulación, los peraltes en las curvas, los cinturones, etc. Eso es adaptación y está unida totalmente a la limitación de velocidad, que es el equivalente de la reducción de emisiones o la mitigación de emisiones. La estrategia combina ambos conceptos y ambos son necesarios. El debate sobre límites y eficacia de las medidas siempre va a existir y lo mejor es adoptar la mentalidad de “probar y corregir”, más que la de teorizar ideológicamente todo.

Curriculum de Luis Balairón Ruiz

Físico y Meteorólogo del Estado, es Director del Programa de Análisis del Cambio Climático de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMet), para el estudio de Escenarios de cambio climático para impactos en España.

Delegado español en el Comité de Climatología de la Organización Meteorológica Mundial, desde 1993.
Miembro del Panel Asesor y de la Secretaría Técnica de la “Estrategia de Andalucía ante el Cambio Climático”.

Miembro del Consejo Científico de la Reserva de Biosfera de Fuerteventura.

Realiza una intensa labor de formación e información en esta materia, en colaboración con diversas instituciones y entidades.

Ha sido:
Delegado español en el “IPCC”, desde 1989 a 1992

Delegado español permanente en el comité de negociación de la “Convención Marco sobre Cambio Climático”, aprobada en la Cumbre de Río en 1992

Revisor del “Grupo Científico del IPCC”, entre 1989 y 2003

Miembro del “Comité Asesor de Ética de la FECYT” entre 2002 y 2004 (FECYT: Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología)

Presidente de la “Asociación Meteorológica Española” entre 2001 y 2004.

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(*) IPCC: Son las siglas en inglés del “Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático”, creado por Naciones Unidas en 1988. Premio Nobel de la Paz compartido, en 2007.

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