Se debe poner fin a la esclavitud de la deuda para prevenir catástrofes medioambientales: ¿Iniciará Grecia un cambio de paradigma?

Stefano Balbi para Globalízate, 23/02/2015

Los griegos saben lo que es hacer historia y van a hacerla de nuevo. ¿Qué significa para el cambio medioambiental global el crecimiento reciente de Syriza, con la designación de Yanis Varoufakis como ministro de Economía?

Hay una línea roja contingente y nada sutil entre las deudas económicas y ecológicas, por una parte, y el consumo de recursos y la producción de residuos por otra. La sociedad, cegada por el paradigma del crecimiento, hace tiempo que ha dejado de ver esa conexión. Quizá sea este el momento en el que una opinión pública más amplia pueda reconectar esos puntos. El cambio medioambiental global no se referencia solo al cambio climático, un debate que actualmente está en un callejón sin salida. Un estudio muy conocido sobre los límites del planeta, hecho por el Stockholm Resilience Centre, que trataba de delinear un espacio operativo seguro para las sociedades humanas, ha señalado con claridad que las economías humanas han conducido a sus sociedades a cruzar otros umbrales medioambientales críticos: por ejemplo, la pérdida de biodiversidad y la contaminación por nitrógeno. Otros que se pueden citar en un enfoque rápido son los siguientes:

1. acidificación de los océanos;

2. conversión de áreas naturales en tierras de cultivo;

3. consumo de agua;

4. contaminación por fósforo.

Si hay algunas dimensiones que, como al agotamiento del ozono, han sido controladas gracias al tratado medioambiental internacional que está operativo, hay otras que no han sido plenamente cuantificadas y no parecen encontrarse en tan buenas condiciones. Tal es el caso de la concentración de aerosoles en la atmósfera y el de sustancias tóxicas (como el plástico) en el medio ambiente. Una vez que se cruza cualquiera de estos límites, se producen cambios abruptos en los procesos de los sistemas terrestres; cambios que podrían poner en riesgo nuestra civilización tal como la conocemos.

¿Por qué las economías humanas cruzan esos límites? En resumen, las economías necesitan consumir recursos medioambientales para crecer. Aunque algunas investigaciones económicas neoliberales intenten demostrar que, mediante la innovación, el crecimiento puede desacoplarse del consumo de recursos naturales, nadie lo ha demostrado con datos empíricos. La razón es sencilla: porque no pueden hacerlo. Como es famoso que dijo Joseph Stiglitz, "sencillamente, la mano invisible no existe"; a lo que yo añadiría que, de existir, nos mostraría el dedo corazón. Debemos enfrentarnos al hecho de que el "crecimiento verde" es otra caprichosa frase de moda, acuñada para perpetuar la agenda neoliberal.

Es cierto que la eficiencia de nuestra tecnología mejora, reduciendo con ello el consumo de algunos recursos naturales clave específicos. Sin embargo, también estamos incrementando nuestro consumo absoluto. Las razones de esto incluyen:

1. la paradoja de Jevons (el aumento de la eficiencia acelera el crecimiento económico, lo que incrementa más la demanda de recursos);

2. las necesidades manipuladas por el mercado (incluyendo las demandas de un "estilo de vida" y la necesidad de seguir las novedades más recientes);

3. la obsolescencia programada;

4. el crecimiento de la población.

¿Por qué todos los gobiernos han de tener la necesidad de perseguir el crecimiento económico a cualquier precio y sin un objetivo a la vista? Incluso en los países en los que la estabilidad es claramente fisiológica, se idearon estrategias para mantener activa la dictadura del crecimiento. Por ejemplo, países europeos como Italia, España y el Reino Unido han incluido recientemente las prostitución y el narcotráfico en la contabilidad nacional por primera vez, para cumplir los "estándares internacionales" de medición del rendimiento económico. Podría argumentarse que se han tomado con excesiva literalidad proyectos como "Más allá del PIB (o PIB alternativo)".

Las razones por las que todos los países están sometidos a la dictadura del crecimiento son varias, pero hay dos que sobresalen y ambas están relacionadas con el gasto público. En primer lugar, el crecimiento es un sustituto de la igualdad de las rentas. Mientras la economía de un país esté creciendo, se mantiene la esperanza de aumentar la riqueza, por lo que no se necesita una distribución justa de los recursos. El gasto público no necesita ser alto, porque los servicios públicos pueden ser atendidos por el sector privado, y la población tolera altos niveles de desigualdad. En segundo lugar, con el crecimiento la deuda soberana resulta sostenible. Mientras la economía de un país esté creciendo, ese país demuestra que puede devolver lo prestado a sus acreedores. Por tanto, un país con un estado del bienestar potente, que necesita que le presten dinero para mantener en funcionamiento los servicios públicos, se ve obligado a seguir creciendo; en caso contrario, los gastos públicos han de ser recortados... o podría convertirse en un esclavo de la deuda .

¿Cómo se crea la esclavitud de la deuda? Aquí vemos un guión simplificado. Primero, una economía empieza a crecer con demasiada lentitud. Esto le sucederá finalmente a cualquier economía de acuerdo con las leyes de la termodinámica, pero se producen fluctuaciones debidas a factores geopolíticos o económicos impredecibles. En ese punto, el volumen de la deuda de la economía nacional se vuelve importante y quien la posee ocupa una posición crucial. Si la deuda es muy alta en relación a la balanza de pagos nacional, y está principalmente en manos de acreedores internacionales, la situación se vuelve peligrosa: la deuda que inicialmente se creó para financiar un estado del bienestar se convierte en una carga insoportable. Organizaciones como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) empiezan a señalar con el dedo las ineficiencias, la corrupción y los gastos innecesarios del Gobierno. No estoy diciendo que la corrupción no exista, ni que no deba mejorarse la eficiencia del gasto público. Lo que digo es que esta argumentación se convierte en el gancho que atrapa en la esclavitud de la deuda .

Llegado a este punto, un Gobierno puede jugar la carta de la devaluación, inyectando dinero en el mercado al precio de la inflación, pero lo más probable es que se vea forzado a desmantelar el estado del bienestar y a vender sus piezas al sector privado. En ese momento el mercado financiero, cuyo objetivo es la búsqueda de tipos de interés que estén por las nubes, se lanza sobre su presa. Ahora, la deuda soberana tiene un aspecto realmente malo, los tipos de interés se han incrementado considerablemente y la deuda nacional es incluso más cara que antes. No hay ninguna posibilidad de que el Gobierno pueda tranquilizar a los acreedores, porque ellos saben que incluso vendiendo todos los activos públicos sería imposible devolver toda la deuda. El país está a merced de los acreedores internacionales, totalmente esclavizado por la deuda. En esa situación, solo para sobrevivir, cualquier Gobierno firmaría cualquier acuerdo con las instituciones financieras internacionales.

Este breve relato le resultará familiar a la mayoría de los lectores que ya hayan cumplido cincuenta años. Pregúntenle a Bruce Cockburn porqué escribió esta canción en los años ochenta. En aquellas fechas, todavía había movimientos sociales que pedían la cancelación de la deuda de los países africanos. Actualmente, aunque los acreedores occidentales no han abandonado todavía África, China ha "acaparado las tierras" de la mayor parte del continente.

La novedad está en el cambio de latitud del campo de batalla. Los países europeos conocidos con las siglas PIGS se han visto sometidos todos a este tipo de presión financiera desde la crisis económica de 2008, pero Grecia es la verdadera cobaya de la Troika. Este Cerbero incluye al Banco Central Europeo, una organización que actúa más allá de su mandato político a la que la mayoría de los Estados miembro de la UE han entregado prematuramente su soberanía monetaria con el objetivo de crear una Unión más fuerte: una Unión de pueblos. Impidiéndoseles cualquier posible expansión monetaria, la economía basada en el estado del bienestar de Gracia y el pueblo griego han sido puestos a prueba hasta el límite; bajo el Gobierno de Samara, Grecia ha tenido que firmar un cheque en blanco a la Troika. Las consecuencias son bien conocidas e incluyen el auge de los partidos radicales de derecha y de izquierda. Con diferentes alcances, esto es lo que ha estado sucediendo en la mayoría de los países europeos meridionales. Los partidos resultantes encarnan la expansión de abajo-arriba de un movimiento de autoprotección de los pueblos europeos meridionales, especialmente de las clases medias que están desapareciendo.

A principios de 2015, el partido de izquierdas Syriza ganó las elecciones griegas con el mandato de renegociar la deuda soberana. Casos similares están produciéndose en España (Podemos) y en Italia (Movimiento Cinco Estrellas). Sorprendiendo a muchos, el Primer Ministro griego Akexis Tsipras nombró a un ministro de Economía bien preparado, Yanis Varoufakis, para implementar el plan económico con el que quiere funcionar. Una de sus primeras propuestas –intercambiar la deuda mantenida por los acreedores de la eurozona por bonos con pagos vinculados al crecimiento económico– puede ser el primer movimiento para romper el mecanismo de esclavización por la deuda. Aunque la mayoría de los analistas económicos neoliberales no estarán de acuerdo, si los griegos siguen manteniendo audazmente su posición, tal como lo están haciendo, esta opción podría convertirse en el único modo viable de evitar la ruptura de la Unión (monetaria) Europea. Este es un precio que nadie –y especialmente el BCE, tal como muestran las acciones más recientes de Mario Draghi– está dispuesto a pagar. Además, muchos economistas de la corriente principal –como los dieciocho que escribieron recientemente una carta al Financial Times– es probable que acepten la idea, basándose en que podría proporcionar un poderoso incentivo para perseguir políticas que promuevan el crecimiento.

Por el contrario, cualquier científico que haya entendido la obra de Nicholas Georgescu-Roegen (por lo menos) sabe muy bien que el crecimiento ya no es el camino a la prosperidad. En realidad el crecimiento es responsable del cambio medioambiental global que estamos experimentando; el único modo de detenerlo es escapar del laberinto de la deuda. El "Trabajo griego" es verdaderamente un modo elegante de desenmascarar este mecanismo perverso. Existe una posibilidad –pequeña– de que un nuevo Caballo de Troya consiga arañar la superficie de una muralla (neoliberal) construida en la dictadura de la deuda, las especulaciones de los mercados financieros con las naciones, la búsqueda del crecimiento a toda costa y el consumo indiscriminado de recursos naturales.

 

Las opiniones expresadas aquí corresponden al autor y no representan el punto de vista del BC3

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Stefano Balbi, Ph.D., es un investigador posdoctoral del Basque Centre for Climate Change (BC3), Bilbao, España.

Traducido para Globalízate por Víctor García

 

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