¿Libre comercio o regalos para los poderosos?

Harley Shaiken, 17/06/2005,
Project Syndicate

¿LIBRE COMERCIO O REGALO PARA LOS PODEROSOS?

En momentos que el Congreso de los Estados Unidos comienza a debatir el Tratado de libre comercio con Centroamérica y República Dominicana (DR-CAFTA), promete desarrollarse una titánica lucha entre las fuerzas del libre comercio y el proteccionismo. Sin embargo, no debe permitirse que este debate oculte la verdad que hay tras el tratado: el DR-CAFTA es más una petición de intereses especiales que un acuerdo de libre comercio. Se las arregla simultáneamente para desplumar a los habitantes de seis países pobres y exponer a los trabajadores estadounidenses a graves perjuicios.

No hay duda de que un mayor nivel de comercio tiene un gran potencial en cuanto al fomento del desarrollo y la democracia. No obstante, las reglas comerciales estipuladas en el DR-CAFTA promueven utilidades para unos cuantos a costa del bienestar de la mayoría. Irónicamente, el pacto incluso limita la competencia de mercado para proteger poderosos intereses especiales, socavando los principios básicos del libre comercio.

Considérense los productos farmacéuticos: para las farmacéuticas estadounidenses, este tratado amplía el periodo de tiempo durante el cual los productos farmacéuticos de marca tienen acceso exclusivo a los mercados, posponiendo la entrada de medicamentos genéricos y, por ende, limitando la competencia. Para los centroamericanos, el costo de los medicamentos se irá a las nubes, asfixiando los presupuestos y aniquilando la atención de salud. El resultado puede ser una sentencia de muerte para muchas personas.

En el ámbito agrícola, los pequeños agricultores se pondrían en camino de un choque con la agroindustria de EE.UU. y sus exportaciones agrícolas fuertemente subsidiadas. Por ejemplo, en 2003 EE.UU. exportó arroz en cáscara a un precio casi 20% menor que el costo de la producción, haciendo imposible que los centroamericanos puedan competir.

En cuanto a los derechos laborales, este acuerdo hace un pacto con el diablo: abre el libre comercio mientras asegura con candado un status quo abrumador. Los trabajadores se enfrentan a todo tipo de atropellos: desde discriminación contra los de más edad (todos los que tengan más de 35 años) a abusos físicos, falta de pausas para ir al baño, falta de pago por horas extra y salarios de miseria.

En teoría, los trabajadores pueden buscar paliar esto uniéndose a un sindicato y negociando de manera colectiva, pero esta opción no es real, porque ser miembro de un sindicato u organizarse podría provocar el despido, ser incluido en listas negras, sufrir violencia, o cosas peores. En Guatemala, la economía de mayor tamaño, menos del 3% de los trabajadores están sindicalizados y sus sindicatos tienen un peso mínimo.

El DR-CAFTA afirma cumplir los estándares laborales internacionales, tal como se consagran en los derechos laborales básicos de la Organización Internacional del Trabajo, pero los echa por la borda sin titubear. En lugar de ello, los países se comprometen únicamente a aplicar sus propios derechos laborales, que a menudo parecen diseñados para evitar que los trabajadores se unan a un sindicato. Más aún, la aplicación de los derechos existentes queda entrampada entre la ineptitud y la corrupción.

Como si esto no fuera suficientemente malo, el tratado invalida todo lo que hemos aprendido los últimos 30 años sobre la presión internacional y la reforma a las leyes laborales. Se han descartado las cláusulas más sólidas de los tratados de comercio anteriores, como el Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) y la Iniciativa para la Cuenca del Caribe (ICC).

Aunque el comercio con Centroamérica representa sólo cerca del 1,5% del comercio de EE.UU., el resultado del debate sobre el DR-CAFTA dará forma a la política comercial de EE.UU. (que fija el tono para la postura de otros países ricos en las negociaciones comerciales) para los años venideros. Un tratado comercial como éste pone a los trabajadores de EE.UU. y Centroamérica en el mismo mercado laboral. Si se aplica el látigo en Tegucigalpa hoy, los trabajadores de Charlotte lo sentirán mañana. Si se exprimen los salarios de los salvadoreños, no comprarán muchos productos fabricados en Los Ángeles... a menos, por supuesto, que terminen emigrando hacia allá.

Los anémicos estándares laborales estipulados en este acuerdo estimulan a las empresas a competir tomando el camino más bajo, que está en curso de colisión con los bajísimos salarios de China. Les sería igual de fácil tomar el camino alto: hay una gran cantidad de evidencia que indica que los trabajadores que son recompensados en vez de ser esquilmados pueden contribuir a una mayor competitividad de las empresas en el largo plazo.

Es hipócrita promover la democracia y luego firmar un tratado de comercio que niega a los trabajadores el derecho democrático básico a organizarse y unirse a sindicatos. Sin este derecho, las elecciones no pueden considerarse el equivalente de la democracia. Los controles y contrapesos efectuados por los sindicatos son esenciales en el lugar de trabajo, pero son incluso más importantes para dar sustento a regímenes democráticos que dan sus primeros pasos.

El asunto no es el libre comercio en oposición al proteccionismo, sino un “comercio inteligente” en contraposición a un “comercio polarizador”. El comercio inteligente sienta las bases para un desarrollo equilibrado, mientras que el comercio polarizador beneficia a un pequeño círculo de privilegiados a costa de la mayoría.

Para el comercio inteligente son necesarias dos condiciones clave: derechos laborales básicos, respaldados por una eficaz supervisión y aplicación, y un fondo de desarrollo que se centre en la infraestructura y la educación para aumentar la competitividad.

DR-CAFTA no lleva a la práctica ninguna de ellas. En lugar de ello, condena a Centroamérica a perpetuar su triste pasado. Rechazarlo abre la posibilidad de lograr mercados más libres y un más rápido crecimiento del ingreso en Centroamérica, así como democracias más sanas.

Harley Shaiken, profesor y jefe del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de California, Berkeley, se especializa en las relaciones entre el trabajo y la economía global.

Copyright: Project Syndicate, 2005.
Traducido del ingles por David Meléndez Tormen

Ver todos artículos por Harley Shaiken