El manifiesto de los pequeños mamíferos

Gilles Billen y Julia Le Noë, 04/07/2016

«Espantosos pterodáctilos de grandes alas saltaban en el cielo; estos dragones voladores eran entonces los soberanos de la atmósfera. Al mismo tiempo, gigantescos saurios, como el ictiosaurio y el plesiosaurio, monstruos macrocéfalos de grandes mandíbulas, combatían unos con otros sobre las agitadas olas, llenando el aire con sus feroces rugidos. El iguanosaurio y el megalosaurio animaban la soledad de los bosques, en cuyo seno árboles gigantescos, helechos arborescentes, sigilarias y mil coníferas elevaban sus cimas piramidales ». Al pasar lo aplastaban todo con sus patas enormes; ¡con algunos golpes de sus mandíbulas arrancaban medio acre de vegetación! «Sin embargo, los mamíferos y los pájaros existían ya en alguna parte, esbozos en los abismos del triásico; están ahí como perdidos... tan raros son1».
Esto sucedía hace 65 millones de años. La caída de un inmenso meteorito había precipitado, probablemente, la extinción de los dinosaurios, sumiendo el planeta en una crisis ecológica sin precedentes en la que los reptiles gigantes fueron incapaces de adaptarse. Fue entonces cuando los mamíferos ocuparon su sitio sobre la tierra...

Durante el siglo XX, el crecimiento del mundo industrial, la concentración de los medios técnicos y financieros, la ocupación minera desenfrenada y el monopolio de la ideología de la acumulación han desembocado en el retorno de los Grandes Dinosaurios. La tierra les pertenece, han acondicionado todo el ecosistema de acuerdo con sus valores. Cada uno, para ser más fuerte que sus vecinos, al final se ha especializado en una función única y ha encontrado más eficiencia inmediata en el gigantismo. En la lucha de unos contra otros, han construido el equilibrio frágil de un planeta jerarquizado en el que reinan el egoísmo, la competencia, la violencia y la desigualdad.

Sin embargo, entre las patas de estos grandes saurios viven pequeños seres discretos, flexibles y adaptables: son los Pequeños Mamíferos. Su estrategia ya no es el gigantismo o la especialización, sino la inteligencia y la cooperación.
En el mundo de los Grandes Dinosaurios, el dinero ya no está al servicio de la economía: es el instrumento por excelencia del poder, que dicta su propia lógica financiera a todas las actividades de la sociedad, la que permite asegurar la preeminencia de unos sobre otros. A veces, unos Pequeños Mamíferos han sabido reinventar una moneda local, portadora de lazo y cohesión, que simplemente representa un derecho de compra futuro sobre aquello que tiene valor en un territorio.

La Agricultura está en manos de los Grandes Dinosaurios. Usan el monocultivo de campos de muchos centenares de hectáreas, usan fertilizantes y pesticidas químicos producidos masivamente por algunas firmas globales, contaminan el agua, el aire y el sol; destruyen hasta a las abejas que polinizan sus cultivos. Además, han concentrado hasta tal punto el ganado que sólo lo pueden alimentar importando en barco los cultivos de otros continentes, pero no saben qué hacer con los excrementos de sus animales. Pero en medio de los campos químicos y las granjas concentradas, Pequeños Mamíferos experimentan, discretamente y a pequeña escala, otros modos de cultivar la tierra. Olvidan los pesticidas y los fertilizantes químicos gracias a sucesiones de cultivos largos y diversificados; retoman los ciclos de la materia al volver a conectar la agricultura y la ganadería.

Los Grandes Dinosaurios compran en los supermercados sus alimentos, producidos en masa, traídos de lugares lejanos, transformados, embalados. Les gusta la carne, la leche, el azúcar. Sin embargo, los Pequeños Mamíferos, discretamente, han creado otros circuitos paralelos. Comen menos productos animales, pero más verduras, cereales y legumbres, de las que siempre que es posible se aprovisionan directamente de sus productores, con los que crean así lazos que van mucho más allá de la mercancía intercambiada.

Los Grandes Dinosaurios se desplazan en automóvil. Su jaula es su orgullo, su libertad, aunque estén en ella encerrados, solos, durante horas de embotellamiento. Si se les priva de usar su vehículo durante un día, para que el aire sea menos irrespirable, se alzan y gritan por el escándalo. Los pequeños mamíferos no tienen automóvil. Si tienen permiso de conducir, han debido recuperarlo tres o cuatro veces, ¡ten débil es su motivación! Van a pie, en bicicleta o en transporte colectivo.

Los Pequeños Mamíferos están integrados en el ecosistema de los Grandes Dinosaurios; dependen forzosamente de él, ¿cómo podría ser de otro modo? A veces, aunque lo más frecuente es que lo sufran. Si algunos se enfrentan abiertamente, es raro que salgan vencedores en esas confrontaciones violentas. La actividad de la mayor parte de los Pequeños Mamíferos tiende más bien a hacer un poco menos injusto, un poco menos insoportable, el mundo de los Reptiles. Gracia a ellos no todo va mucho peor , y en este sentido sirven al sistema y retrasan su colapso. Pero haciéndolo así, experimentan, en condiciones ciertamente difíciles, prácticas nuevas que son rupturas con respecto a aquellas que han conducido a la hegemonía de los Saurios; innovan en la construcción de lazos sociales de otro tipo, en técnicas suaves compatibles con mayor igualdad y sobriedad, generalizables a todo el planeta.

El final de los Grandes Saurios es inevitable: por cataclismo o por lenta agonía de un sistema insostenible, pegado a las contradicciones que genera, destruyendo los recursos de los que depende, negando los valores que invocó para establecerse. Y cuando llegue el momento de la destrucción de ese sistema, los Pequeños Mamíferos estarán ahí, preparados para ocupar discretamente su lugar y para construir un mundo mejor.

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No es concebible, sin embargo, quedarse sin hacer nada, esperando el meteorito salvador o la desaparición progresiva del sistema de los Dinosaurios. El ingenio de los Pequeños Mamíferos les lleva incluso a imaginar una estrategia sutil para invertir la relación de fuerza, tan desigual hoy, entre ellos y los Reptiles.

Es necesario antes que nada entender que nadie nace Gran Dinosaurio o Pequeño Mamífero: se convierte en ello. Hay, además, una tercera categoría: ¡la de los Pequeños Reptiles! En el territorio de los Grandes Dinosaurios, que dominan el sistema político capitalista, la economía neoliberal y las finanzas especulativas, que están a la cabeza de las estructuras que aseguran la renovación de la clase dominante y la explotación del resto de los seres vivos y de la naturaleza dominante, prolifera un montón de Pequeños Reptiles, poco poderosos pero muy agresivos. Están completamente alienados del sistema tiránico de los dinosaurios; sufren sus malas acciones sin darse cuenta de ellas y piensan que los Dinosaurios les protegen y que quizá un día accederán a su posición. Los Pequeños Reptiles tienen el cerebro totalmente lavado por la televisión y la publicidad; consumen mucho y reflexionan poco, pero su apoyo a los Grandes Dinosaurios es esencial para el mantenimiento del sistema.

Los Pequeños Mamíferos bien podrían haber sido Pequeños Reptiles o incluso haber intentado ser Grandes Dinosaurios, pero no lo ha hecho. ¿Por qué? Porque los pequeños mamíferos piensan. No se dejan encerrar en esquemas de pensamiento preconcebidos para hacer de ellos Pequeños Reptiles. Ser, o devenir, Pequeños Mamíferos es ante todo, un acto emancipador, una reapropiación del poder político. Los más sabios de los Pequeños Mamíferos saben que derrocar a los Dinosaurios no serviría de nada, pues sólo encarnan físicamente un sistema cuyo poder reside en la complejidad y la inmaterialidad de las estructuras y de la relación de fuerzas que lo perpetúan. Por otra parte, la historia muestra que cada vez que un Dinosaurio ha sido abatido (a veces de manera muy violenta), otro Dinosaurio ha ocupado su lugar o bien un Pequeño Reptil ha crecido (nutrido por el exceso de poder que se ha otorgado), hasta transformarse en un Dinosaurio a veces más feroz, cruel y dominante que el que acaba de ser derrocado.

La estrategia de los Pequeños Mamíferos consiste precisamente en que lo saben hacer mejor: cooperar, trabar relaciones de amistad, hablar, hablar todavía más... Comprenden que tienen ideales y sueños comunes y, como la unión hace la fuerza, deciden organizarse para establecer un sistema paralelo al de los dinosaurios. La dificultad viene de los Pequeños Reptiles: hace falta ir a su encuentro, enseñarles que en realidad están del mismo lado que los pequeños mamíferos. ¡Ahí es donde el curro se vuelve muy difícil! Pero aunque en muchos puntos no están de acuerdo (por ejemplo, los pequeños reptiles no quieren acoger a los pájaros llegados de lejos), quieren intentar el establecimiento de un diálogo. Primero sobre temas consensuales (la salud, por ejemplo), después sobre temas más abstractos y filosóficos (de qué se es libre, ¿qué deseas y porqué?) antes de, finalmente, llevarlos a las grandes cuestiones políticas (justicia social y medioambiental, alienación del trabajo, valores de uso frente a valores especulativos).

Dialogando y creando redes de solidaridad de las que todo el mundo se puede beneficiar, los pequeños mamíferos se hacen cada vez más numerosos. No es que hayan creado una doctrina nueva. Se hacen más numerosos porque se emancipan, mediante la acción y el diálogo, del pensamiento único, ¡la felicidad que antes se servía en una fiambrera de plástico! Frente a la masa se erigen en multiplicidad, una multiplicidad hecha de personas que crean sociedad, que no son individuos atomizados.

Llega el día en el que el sistema político y económico que mantenía en el poder a los Dinosaurios se erosiona y, después, acaba cortocircuitado. Otras estructuras ocupan su lugar y, como muchos se adhieren a ellas, las nuevas estructuras se refuerzan. La cooperación, la propiedad del uso, el compartir las riquezas, compartir el tiempo de trabajo, reciclaje, solidaridad y abolición del asalariado (¡los obreros se han convertido en los propietarios temporales de sus medios de producción!) han sustituido a la competición, la propiedad lucrativa, las desigualdades sociales, el paro, el despilfarro y la desconfianza. Desahuciados de su posición, los Grandes Saurios que se creían Dinosaurios por naturaleza se dan cuenta de que únicamente los eran en un contexto determinado. Incluso aunque haya penas de amor y amistades fallidas, ¡todos son más felices! Para nuestro bien, ¡el tiempo de los Dinosaurios ha pasado!

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