OPINIÓN

EL MOMENTO DE LA VERDAD

Michael Albert

A la vez que como todos los activistas, y de hecho toda la gente de buena voluntad, celebramos de forma justificada los éxitos tumultuosos de este fin de semana [manifestaciones del 15 de febrero], debemos empezar también a preparar el próximo asalto de nuestra lucha.

Por un lado tenemos gobiernos y élites empresariales. Su agenda compartida es la misma de siempre. Buscan proteger y aumentar globalmente sus privilegios en relación a la inmensa mayoría de la población mundial. Los medios compartidos para esos fines son de dos tipos. Primero, quieren reescribir las reglas del intercambio [comercial] internacional para que les favorezca aún más. Esto se llama globalización corporativa. Segundo, quieren ir reduciendo gradualmente los derechos y protecciones populares ganados en largas luchas por todo el mundo. Quieren atacar la acción afirmativa [programas de apoyo a las minorías en EE.UU.], los derechos de los inmigrantes, los programas de protección social y en general el gasto social. Quieren introducir nuevos métodos de represión. A eso le llaman patriotismo. Más allá de este consenso general, no obstante, la élite está dividida.

Desde el 11 de septiembre el sector de la élite más poderoso ha sentido que podía aumentar el control de las élites de forma dramática mediante una guerra contra el terrorismo. Intentan asustar y engatusar a la gente de todo el planeta. Intentan fomentar todo tipo de medidas redistributivas y represoras que de otra forma sería imposible que fueran consentidas. Esta parte de la élite mundial, mayoritariamente estadounidense, (Bush, Blair y compañía) ahora parece pensar también que ir 150 años atrás en el tiempo para reinstaurar las relaciones internacionales basadas en la fuerza bruta les proporcionará mayor control y poder. Bombardear Irak hasta la saciedad y ocuparla colonialmente no es el clímax de sus intenciones, sólo un paso en el camino hacia más guerras y colonización. La próxima parada sería Irán, luego Siria, Corea, Venezuela (Venezuela especialmente), Colombia, quizá incluso China. Pretenden la guerra continua en su búsqueda del poder continuo. Buscan una espiral de violencia cuya lógica intrínseca empuja a que los que controlan la mayoría de las armas manden sobre la mayoría del mundo. Bush se convierte en César.

Otro sector en la cúspide de mierda que dirige el planeta está perfectamente satisfecha con la manera en que ha funcionado el mundo en las últimas décadas. Quieren algunos cambios aquí y allí, pero creen que una búsqueda activa del Imperio conlleva un riesgo excesivo de reacción disidente o temen que un sector muy restringido de la élite acumule un excesivo poder. Temen que se beneficie Washington pero no París, Berlín o Moscú. Así que las élites francesas, alemanas o rusas pontifican contra la guerra en Irak, pero mientras tanto Chirac no se apresura a cambiar sus ataques racistas a los inmigrantes, ni Schroeder cancela sus incursiones contra el sistema de protección social para los pobres en Alemania, ni Putin está denunciando su guerra en Chechenia, y mucho menos abogará ninguno de ellos por un sistema justo o por una redistribución equitativa, ni ahora ni nunca.

Contra los poderosos que quieren más dinero y poder pero no están seguros del mejor camino para conseguirlo se levanta nuestro creciente movimiento global de movimientos. La agenda compartida de nuestros movimientos es no a la guerra en Irak, echar para atrás la globalización corporativa y más justicia para todos. Nuestros medios compartidos son los de utilizar una gran variedad de métodos de desobediencia, desde el activismo diario hasta la desobediencia civil y más allá, pasando por seminarios y jornadas, por la diseminación de información por diferentes medios, por las manifestaciones, etc. Pero nuestro lado de la lucha también tiene divisiones. Entre nosotros hay diversas formas de entender lo que estamos haciendo así como diferencias de enfoque.

En cuanto a la comprensión, la gran división es que algunos de nosotros pensamos que sólo intentamos conseguir logros próximos, como no tener guerra en Irak o acabar con el FMI. Mientras que otros pensamos que hacemos eso, por supuesto, pero que a la vez estamos intentando asegurar que esas victorias se consoliden y crezcan, desafiando y finalmente cambiando las instituciones subyacentes que crean las injusticias a las que nos oponemos. Por lo tanto, a nivel de comprensión, en el fondo la división en nuestras filas es entre reforma y revolución.

A nivel de métodos y tácticas también hay una gran división. ¿Estamos intentando hacer una declaración y manifestar cómo nos sentimos en cada momento o estamos intentando construir un movimiento enfocado a ganar cambios masivos a largo plazo?

En el primer caso, cuando ocurre algo y debemos tomar decisiones sobre qué hacer, consultamos sobre todo nuestros sentimientos: cuán enfadados estamos, cuánto deseamos hacer esta acción o aquella como resultado de nuestro ánimo y deseos y en función de lo que nos exige esa acción y cómo nos sentiremos y cómo quedaremos después.

En el segundo caso, para tomar decisiones, en vez de eso consultaremos mayoritariamente nuestro mejor juicio sobre qué conseguirá ampliar nuestro movimiento y qué conseguirá mayor impacto en las relaciones actuales dentro del movimiento para mejorar nuestra comprensión y nuestra entrega. El segundo enfoque también tiene que prestar atención a cómo nos sentimos y de qué somos capaces, por supuesto, pero da prioridad también a lo que es necesario para ganar y no sólo para sentirnos bien. Puede sonar duro pero me temo que ésta es una diferencia seria y real, aunque aquí aparezca con palabras más duras de lo que a menudo resulta ser en la práctica.

En resumen, ¿estamos construyendo una comunidad activista que se mantiene a sí misma a salvo de incursiones desde el exterior, por decirlo así, creándose una identidad como disidentes que protegemos, a veces preocupándonos más de no cambiar nuestras formulaciones y procesos de lo que nos preocupamos en crecer y diversificar? ¿O intentamos desarrollar un movimiento cuya intención es crecer y modificarse continuamente y en el que debemos adaptar nuestros gustos personales a medida que atraemos nuevos grupos e incorporamos nuevas agendas? ¿Estamos dispuestos a dar poder a otros y por tanto reducir nuestro propio nivel de poder y nuestro propio impacto en cómo funcionan las cosas, aunque viendo como aumenta el poder global del movimiento?

¿Qué más?

1 - El éxito no es un asunto de "todo o nada". Claro que queremos evitar la guerra en Irak. Y claro que si lo conseguimos será un logro histórico, que cambiará el mundo. Pero, si la guerra se produce, no significará que habremos fracasado sino únicamente que tenemos un poco menos de poder de lo que esperábamos en este momento. Tanto si la guerra se produce como si no, nuestra tarea continuada no cambia. Debemos crecer, debemos hacernos más conscientes, más militantes, mejor organizados, para intentar evitar esta guerra y para asegurar que evitamos la siguiente y para dar marcha atrás a la globalización y para seguir desafiando las instituciones básicas y finalmente reemplazarlas. Esto no ocurrirá de la noche a la mañana. Pero estamos en el camino hacia ello, y debemos darnos cuenta que ésa es nuestra trayectoria, tomarla en serio y trabajar sin descanso hacia ella.

2 - Las manifestaciones contra la guerra de este fin de semana son quizá las más masivas de la historia moderna. ¿Hubo dos millones o un millón y medio en Londres? ¿Hubo dos o tres millones en Roma? ¿Dos o tres millones en diversas ciudades españolas? ¿500.000 o 750.000 en Nueva York? Lo que importa es que fue una cantidad absolutamente increíble, y lo que es más importante, que nuestra oposición está creciendo rápidamente. Realmente, es la velocidad de crecimiento de la disensión la que es totalmente fuera de lo común y la que transmite la verdadera amenaza que nuestros movimientos representan. Y todo esto ha ocurrido sin una organización internacional que lo supervisara. Y ha ocurrido sin organizaciones nacionales individuales que lo supervisaran. No debe haber ninguna prisa en imponer a nuestro movimiento de movimientos intensamente entrelazado pero inmensamente diverso, ningún tipo de autoridad central o identidad. Las cosas están yendo bien. De hecho, las cosas marchan estupendamente. Tenemos que hacer más de lo que hemos estado haciendo, no cambios radicales en lo que hemos estado haciendo, excepto que necesitamos llegar de forma más agresiva aún a nuevos y más amplios grupos de gente, y excepto que debemos trabajar de forma paciente, respetando las diferencias, para asegurar una cada vez mayor comprensión y compromiso.

3 - No debemos dejarnos arrastrar por el éxito y poner unos objetivos a corto plazo tan altos que sean imposibles de conseguir, haciendo que nos deprimamos cuando inevitablemente no los consigamos. Al contrario, debemos ver que lo que hacemos es un proceso. Debemos disfrutar del crecimiento de este proceso y ver este crecimiento como un tremendo éxito, pero como un éxito que prepara el camino a más éxitos. El crecimiento de nuestra oposición conlleva una responsabilidad: conseguir más crecimiento. No debemos quedarnos encantados de nuestro tamaño, sea en nuestro campus, en nuestra ciudad, en nuestro país o en el mundo. El truco está en no congratularnos de nosotros mismos sino de nuestro potencial. La tarea que tenemos por delante es llegar a la gente, y llegar, y llegar, hasta llegar a los grupos a los que creemos que no podemos llegar, porque sí podemos. En un campus debemos hacerlo en las residencias y en los clubes, buscando no sólo los tipos a los que les gusta debatir sino a los que les gustan los deportes (sí, los deportistas también, por Dios!). Deja un folleto en cada puerta. Y luego otra vez. Y luego llama a la puerta y habla. Y luego hazlo otra vez. En nuestros barrios, en nuestro trabajo, reparte materiales y luego habla con tus compañeros una y otra vez. Acércate a (y habla con) los repartidores de correo, los maestros, los cocineros, las azafatas de vuelo, los camioneros, los camilleros, los mineros, incluso los militares y policías, sí, incluso se podría argumentar que especialmente los militares y policías.

En un lado están Bush, Blair y otros líderes políticos y mullahs, además de los grandes capitalistas y sus directores ejecutivos. En el otro tenemos un movimiento de movimientos, y una masa global de gente a la que debemos llegar.

Si los movimientos por el cambio social buscan sin descanso la diversidad, solidaridad, equidad y autogestión (paz y justicia), y si lo hacen en una forma y en un tono y con unas tácticas que busquen todas ellas dar poder al débil y satisfacer las necesidades de los pobres, entonces pueden/podemos ganar esta lucha; y la lucha que tengo en mente, la lucha en la que creo estar metido, no es una lucha por una reforma aquí o allá, y no es una lucha por una paz de vez en cuando, es una lucha sobre quién decidirá el futuro y a quién servirá el futuro. La verdadera hora de la verdad.

Tenemos razones para felicitarnos. Pero debemos tener valor. Y aguante. Nuestra lucha requerirá mucho tiempo y mucha perseverancia. Pero se acerca el día en que el barco de la equidad, la autogestión, la solidaridad, la justicia y la paz llegará a puerto. Remad!

La historia no se ha acabado. De hecho está esperando que la tomemos en nuestras manos.

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