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REUNIONES
Balance y Retos de la Cooperación Euromediterránea, a diez años de la cumbre de Barcelona José Moisés Martín Carretero/AIS Análisis especial con motivo del X Aniversario de la Cumbre Euromediterránea de Barcelona Estos días se cumple el décimo aniversario del proceso de Barcelona, iniciativa innovadora y comprometida en materia de cooperación entre la Unión Europea y sus vecinos mediterráneos que tuvo su inicia en la Conferencia Euromediterránea de Barcelona en Noviembre de 1995. Con la vista puesta en diez años atrás, la conferencia de Barcelona tuvo lugar en un momento de alta esperanza histórica en la posibilidad de que, por fin, estábamos más cerca que nunca de conseguir la paz y la prosperidad para la Región, especialmente vistos los esperanzadores resultados del proceso de paz entre Israel y Palestina tras Madrid y Oslo. La propuesta que representaba la Asociación Euromediterránea,
en su integralidad al afrontar los aspectos políticos, económicos
y sociales y culturales en un único marco de trabajo coordinado
de manera bilateral y multilateral, tanto a través de la firma
de los acuerdos de Asociación Euromediterránea con cada
uno de los países vecinos del sur, como con la puesta en marcha
de foros y espacios de encuentro y de coordinación multilateral,
representó un hito en la innovación y en la capacidad de
promover políticas de cooperación horizontales de largo
alcance. Se trataba por lo tanto de un marco único de trabajo que
despertó numerosas expectativas tanto en la Entre la decepción y los logros obtenidos Diez años más tarde, existe un consenso bastante amplio que indica que el Proceso de Barcelona no ha satisfecho todas las expectativas de paz y prosperidad que había generado. No obstante, sería injusto dejar de señalar que durante estos diez años ha habido progresos substanciales que nos hacen mantener la esperanza en el proceso. En primer lugar, se han firmado ya la práctica totalidad de los acuerdos de asociación euromediterránea y la mayoría de ellos están en vigor. Esto significa que existe un marco de trabajo ya reconocido y pactado con cada uno de los países socios, incluyendo relaciones comerciales y económicas, diálogo político y social, y, aunque nunca bien entendida, una claúsula de revisión en función de los Derechos Humanos. En términos institucionales, la puesta en marcha de la Asamblea Parlamentaria Euromediterránea, así como de las diferentes redes de trabajo y acompañamiento, como pueden ser EUROMESCO en materia de seguridad y paz, FEMISE en materia de investigaciones económicas y sociales, o la propia Fundación Annah Lind en materia de diálogo cultural, demuestran que paulatinamente se ha generado el espacio institucional necesario para la profundización y consolidación de la cooperación euromediterránea. La utilización de la cooperación económica a través de los Fondos MEDA ha sido también considerable, incrementándose a lo largo del período 2000-2005 el grado de ejecución de los compromisos alcanzados y mejorando así su gestión, cosa que también podemos indicar de los prestamos del Banco Europeo de Inversiones a los países mediterráneos. A lo largo de estos diez años, se han celebrado centenares de encuentros de altos funcionarios y ministros sobre temas de interés común como es la protección del patrimonio cultural, la sociedad de la información, el respeto al medio ambiente, las reglas comerciales, los sistemas de educación superior o los asuntos de seguridad e interior. Se trata de una tupida red de intereses compartidos que se ha ido tejiendo a lo largo de este decenio y que dan textura a la declaración de Barcelona. Por último, la sociedad civil ha realizado un esfuerzo considerable en la puesta en marcha de cientos de programas de cooperación bilateral y multilateral, a través de los programas euromediterráneos de Juventud, Cultura, Medio Ambiente, derechos humanos o de cooperación al desarrollo. Se han creado y consolidado redes de cooperación entre las sociedades civiles de la Unión Europea en materias tan importantes como los Derechos Humanos, el Medio Ambiente, la situación de las Mujeres o la Juventud. La realización de los Foros Civiles Euromediterráneos, el último de los cuales se desarrolló en Luxemburgo el pasado mes de Abril, ha culminado en la creación de la Plataforma No Gubernamental Euromediterránea, que reúne a más de cien redes sectoriales, plataformas nacionales y organizaciones independientes de la sociedad civil y que constituye el principal interlocutor de la sociedad civil en el proceso de Barcelona. La Plataforma ha sido reconocida por el Comité Euromediterráneo de Embajadores, la Cumbre Euromediterránea de Luxemburgo y el Consejo Europeo de Junio de 2005. Puntos negros en la agenda No obstante estos avances, ha habido elementos que nos deben llamar la atención y que debemos plantear cuidadosamente para alcanzar resultados concretos. En primer lugar, y pese a los evidentes progresos en algunos países, la mayoría de los procesos de transición a la democracia en los países mediterráneos están bloqueados o avanzan a un ritmo desesperadamente lento. Las reformas políticas se hacen esperar y la situación de los derechos humanos no sólo se estanca sino que en algunos casos ha empeorado. Los informes independientes demuestran que la política de derechos humanos de la UE en relación a sus socios mediterráneos ha pecado de tímida. En segundo lugar, no se ha conseguido el objetivo de alcanzar la paz y la estabilidad en la zona. La sangría que supone en conflicto Palestino Israelí, o los demás conflictos existentes en el área, como el del Sahara Occidental o el de Chipre, se unen a la terrible situación que han vivido, de manera interna, países como Argelia, golpeados repetidamente por el atroz terrorismo integrista que tanto sufrimiento ha causado y sigue causando. Tras el 11 de Septiembre y los atentados de Madrid y Londres, la Lucha contra el Terrorismo se ha situado como una prioridad a veces mal entendida que ha primado la estabilidad sobre los derechos humanos y los avances democráticos. En términos económicos, las tímidas reformas no han significado un incremento sustantivo de las inversiones europeas en nuestros países vecinos, que siguen en una senda de crecimiento económico extremadamente debil y con pocos progresos en materia de desarrollo económico y social. El crecimiento económico debe ser motor de creación de empleo y bienestar, y lo cierto es que la región no está creando ni de lejos el empleo necesario para hacer frente a la bomba demográfica que significa su joven estructura demográficas. Las consecuencias, en términos sociales, pueden ser catastróficas. Es importante señalar también la situación de las mujeres en los países mediterráneos. A su marginación política y social se une la imposición de códigos de familia que las reducen a ciudadanas de segunda categoría, impidiendo el acceso alpleno ejercicio de sus derechos de ciudadanía y que se concreta en múltiples formas de violencia contra sus personas. Por último, en términos sociales y humanos, el auge de los integrismos y fundamentalismos en los países árabes y el racismo en Europa suponen una importante amenaza para la comprensión y el diálogo mutuos. El fenómeno de las migraciones mediterráneas, lejos de ser enfocado como una oportunidad para el enriquecimiento mutuo, se está enfocando como una amenaza que pone en peligro los pilares de la convivencia cívica en Europa por el repunte del racismo y la incomprensión, al tiempo que da alas a las mafias y redes de tráfico de personas que diariamente cruzan el mediterráneo buscando una vida mejor para ellos y sus familias. El proceso de Barcelona como cauce Para hacer frente a estos retos que aparecen en la agenda Euromediterránea, entendemos que el Proceso de Barcelona sigue siendo el marco de referencia más útil y poderoso con el que contamos. La iniciativa del gobierno español de celebrar una cumbre de relanzamiento del proceso en Barcelona, durante el próximo mes de noviembre, es una gran oportunidad para recoger lo mejor de lo cosechado durante estos últimos diez años, plantear nuevas estrategias y completar los compromisos que, hoy en día, siguen más vigentes que nunca. En primer lugar, es importante señalar que la Ampliación de la Unión Europea hacia el Este no es incompatible con el relanzamiento de la Asociación Euromediterránea. La Ampliación hacia el Este ha tenido también un componente Mediterráneo, claramente expresado en el caso de Eslovenia, Malta y Chipre, y con el horizonte del debate sobre Turquía encima de la mesa en los próximos años. Esta ampliación hacia el Este pero también hacia el Sur sitúa a la Unión Europea prácticamente a las puertas de sus vecinos Árabes, y esto, necesariamente, deberá significar un refuerzo de las medidas de cooperación previstas. En segundo lugar, porque la Nueva Política de Vecindad, propuesta por la Comisión y Asumida por el Consejo Europeo, se complementa y refuerza claramente en el caso de nuestros vecinos del Sur, al proponer una más fuerte vinculación a través de mecanismos de integración positiva y de creación de reglas y normas únicas tanto para el acceso a los mercados como para las condiciones políticas y sociales. La Nueva Política de Vecindad puede reforzar, actualizar y relanzar la Asociación Euromediterránea, pero no puede ni debe sustituirla. Las prioridades y nuevas expectativas La Comunicación de la Comisión Europea de cara a la Cumbre Euromediterránea y la Presidencia Británica de la Unión Europea han puesto encima de la mesa las principales prioridades para relanzar el proceso: educación y formación de los recursos humanos, crecimiento económico y democracia y derechos humanos, objetivos que acompaña con un calendario de implementación en los próximos cinco años, de manera que podamos cumplir con el compromiso de mantener el área de paz y prosperidad compartida para el año 2010, tal y como rezaba la Declaración de Barcelona de 1995. Compartiendo el enfoque general de la iniciativa, creemos que sería conveniente hacer algunas aportaciones para reforzar el proceso. En primer lugar, la necesidad clara de que la Asociación Euromediterránea se desarrolle en un clima de paz y estabilidad. Esto significa que la Unión Europea debe reforzar y apoyar decididamente los esfuerzos del Cuarteto en la implementación de la Hoja de Ruta en Oriente Medio. No hay ninguna excusa válida para paralizar o ralentizar su implementación, que debe estar basada en el mutuo acuerdo entre las partes y el cumplimiento del derecho internacional. La retirada de Gaza es un primer paso que debe ser valorado en su justa medida y en ningún caso puede constituir fuente de inestabilidad o conflicto, sino una iniciativa que debe ser completada con una retirada de Cisjordania en función de la ejecución de los acuerdos bilaterales entre las partes. La cuestión de Chipre y del Sahara Occidental deben estar también en una agenda comprehensiva de paz y seguridad en el Mediterráneo, garantizando la ejecución de las provisiones de las Naciones Unidas y el diálogo y acuerdo entre las partes en conflicto. En este sentido, la Carta Euromediterránea de Paz y Estabilidad puede ser una buena iniciativa a retomar. En materia de seguridad y libertades, debemos señalar que la lucha contra el terrorismo no debe eclipsar la agenda de los derechos humanos en la región. Es evidente que existen diferentes concepciones en materia de seguridad entre la Unión Europea y los países de la ribera sur, concepciones que deben encontrar la manera de ser compartidas y debatidas, buscando fomentar intereses comunes a ambas riberas del mediterráneo, con los derechos humanos como centro inexcusable del triángulo formado por la paz, la seguridad y la democracia. La propuesta del Presidente Rodríguez Zapatero de confluir en una Alianza de Civilizaciones, puede ser una importante aportación para garantizar un futuro en paz y democracia para todos los países de la región. Los aspectos económicos y comerciales deben estar vinculados al desarrollo social y muy especialmente al empleo. Según los datos de FEMISE (Red de institutos económicos de Europa y el Mediterráneo), los países de la ribera Sur deben crear 20 millones de empleos antes del 2010 y 34 antes del 2020 para hacer frente a la incorporación al mercado de trabajo de sus jóvenes. La dimensión social del área de libre cambio debe ser potenciada a través del estudio y análisis de los impactos y la puesta en marcha del diálogo social. Las iniciativas del Comité Económico y Social de a Unión Europea y de los Comités Económicos y Sociales de los Estados participantes en la Asociación Euromediterránea pueden ser determinantes en este sentido. También en términos económicos, la integración sur-sur debe ser una prioridad. Iniciativas como el proceso de Agadir, que tiene como objetivo crear una zona de libre cambio entre diferentes países de la ribera sur, deben ser fortalecidas y profundizadas en esta nueva etapa. En tercer lugar, tal y como señaló el primer informe sobre Desarrollo Humano de los países Árabes, la participación de las mujeres en el desarrollo económico, social, cultural y político de la Asociación Euromediterránea es imprescindible para lograr sus objetivos de paz y prosperidad. Subsisten serias desigualdades que deben ser tratadas desde el empoderamiento de las propias mujeres, tanto a través de reformas legales como de apoyo a sus esfuerzos por conseguir una participación en igualdad. Los positivos pasos dados en algunos países con la reforma de su estatuto civil deben profundizarse y fortalecerse. Los parlamentos y la sociedad civil El diálogo parlamentario ha dado un paso significativo con la puesta en marcha de la Asamblea Parlamentaria Euromediterránea, cuya primera sesión tuvo lugar en El Cairo en Marzo de este mismo año. Este diálogo, clave de nuestra concepción de democracia, puede fortalecer el papel de los poderes legislativos en el proceso de la Asociación Euromediterránea y tendrá sin duda un papel clave en el desarrollo de las iniciativas de refuerzo y construcción democrática de la región. La iniciativa del presidente del Parlamento Europeo, Josep Borrell, de realizar una nueva sesión en vísperas de la celebración de la Cumbre Barcelona + 10, puede significar un importante paso en la consolidación de este diálogo y debe, fundamentalmente, abrir el camino al establecimiento de una cooperación más estrecha entre las cámaras legislativas de los 25 y las cámaras de los países mediterráneos. Esperamos sinceramente que en esta etapa podamos contar con la participación activa de nuestros colegas legislativos de la Asamblea Legislativa de la Autoridad Nacional Palestina, que será pronto elegida, en un nuevo fortalecimiento democrático del Proceso de Paz en Oriente Medio. Por último es importante señalar la sociedad civil tiene un papel clave a jugar en el desarrollo de la Asociación Euromediterránea. La celebración periódica de los Foros Civiles Euromed ha terminado generando la creación, de manera autónoma e independiente, de la Plataforma Euromediterránea de ONG y que representa a más de cien redes y organizaciones que trabajan dentro del marco del proceso de Barcelona. Su papel como interlocutora válida, aunque no exclusiva, de la sociedad civil, puede verse muy reforzado en el relanzamiento de la Asociación Euromediterránea, pero la expresión máxima de su valor vendrá dada en la medida en que esta participación institucional pueda transmitirse hacia la creación de mecanismos de refuerzo de la sociedad civil en los ámbitos nacionales y en los ámbitos sectoriales, y, muy especialmente, en el ámbito de los Derechos Humanos y la movilidad. En términos de intercambio cultural y social, el papel que puede jugar la Fundación Anna Lindh en el desarrollo del diálogo cultural y de civilizaciones difícilmente puede ser subestimado, cuando vivimos, lamentablemente, un repunte de las tendencias intolerantes y racistas tanto en Europa como en nuestros socios mediterráneos. Los días 30 de Septiembre y 1 y 2 de octubre, esta expresión viva de la sociedad civil que representa la Plataforma No Gubernamental Euromediterránea se reunió en Málaga, bajo los auspicios de la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional, para proponer un marco de prioridades que permitieran el relanzamiento de la cooperación Euromediterránea. Más allá de las propuestas concretas, se vislumbro una clara apuesta por el entendimiento, la solidaridad y la cooperación entre las sociedades del norte y el sur del Mediterráneo como una exigencia ética y política en este laboratorio de la globalización que es el mare nostrum. Desde la diversidad de realidades, se demanda coherencia, coraje político y voluntad de acuerdo para llevar a buen término la conferencia de Barcelona+10. En ese camino, los gobiernos encontrarán a un fuerte aliado en la sociedad civil. José Moisés Martín Carretero el el Director de la ONG ACSUR-Las Segovias y Presidente de la Plataforma No Gubernamental Eurom |